lunes, 25 de diciembre de 2017

Necrosis

Me sentía flotando cuando hablaba con él, tenía poco más de veinte años y tatuaba. Hablamos por teléfono varios días antes de vernos, también hablé con su madre y un amigo de él que me llamaba cuñada. Llegó el esperado día que fué a buscarme a mi casa y, cuando mi mamá salió a hacer las compras, se lo cruzó en la puerta tocando el timbre. Lo abracé para darle un beso en el cachete, y él me dió uno en la nariz. En el parque, nos dimos amor toda esa tarde de otoño hasta el esperado beso del final.
Luego del exitoso primer encuentro y como no teníamos un lugar para realizar un acercamiento más íntimo, le propuse de ir a un telo. Me dijo que sí, pero si yo aceptaba como única condición de no tener sexo. Por supuesto, debido a mi intensa actividad sexual, que más veces fué exclusivamente genital, manoseé sus reglas en el medio de la noche. Desparramamos mucha saliva en besos, me agarrró una hiperestesia que sentí más en la espalda, apenas me rozó con sus labios. ­-¿Te puedo tocar más abajo? -le pregunté-, al mismo tiempo en que le acariciaba su esquelético vientre. -Tocame lo que quieras -me contestó con un jadeo-. Entonces le metí mi mano debajo de su ropa interior y le pajeé la verga. -¿Te diste cuenta? -me preguntó, e inestable le respondí que no y me habló de su accidente en la moto…  Me sorprendí en cuanto lo escuché decirme que le faltaba un testículo. No pude tolerarlo, aunque nunca le expresé el verdadero motivo del por qué rompí nuestra unión. De todas formas intenté que me penetre, pero fué imposible, pareció ponerse de mal humor y me dió la espalda. Al rato de un silencio tenso me eché a dormir.

Cuando nos levantamos nos dimos un par de besos y, agarrados de la mano, salimos del hotel hasta la parada del colectivo 4 a pocos metros de mi casa. Lo saludé esquivando su último beso.

martes, 29 de agosto de 2017

El gordo Johnny

Uno de los otros pocos encuentros que tuve con Martín el pedófilo  ocurrió una noche en la que me llamó por teléfono y me comentó que estaba con un amigo recien llegado de España, Johnny, un gordo pajero que tenía veintiséis años, yo contando con solo trece. Martín, el gordo y Ciro, esta última era una pasiva de catorce años la cual ya había sido desflorada por Martín un tiempo atrás. Una vez en marcha, recuerdo que Ciro solo hablaba de su futuro viaje a Estados Unidos, porque la mamá era amiga de Menem y no se que más. Me pasaron a buscar con la 4x4 de  Johnny y viajamos hasta pleno centro porteño, donde se ubicaba la famosa oficina de Martín. Llegamos a la suite, hablamos un rato todos y tomamos champagne, todo estaba muy bien hasta que Martín y Ciro se fueron a encerrar a otra habitación y me dejaron sola con el gordo. Me quedé petrificada en el sillón, Johnny me abrazaba y  me daba besos en el cuello, pero por suerte los otros dos acabaron rápido y llegaron para salvarme, aunque obviamente esa no era su intención. Más tarde, habiendo yo pasado ese momento desagradable, tuve que soportar el viaje a mi casa con el acoso del gordo asqueroso…
Pasarían solo unas pocas semanas hasta recibir un llamado de Johnny, me dijo que estaba con un amigo que me quería conocer, me preguntó si nos podíamos ver un rato. Mis ansias de tener sexo con cualquiera que tuviera pene hizo que aceptara, aunque solo puse la condición de que viniera Ciro también. Corté el teléfono y al rato pasaron a buscarme con la 4x4, pero esta vez la pasiva no estaba, en su lugar se encontraba un amigo suyo de veinticuatro años de edad, según dijo, que no recuerdo el nombre. Viajamos por la autopista Panamericana en busca de un hotel, pero antes de entrar,  me hicieron esconder en el piso trasero de la camioneta y me taparon con una campera. Pasamos sin ningún problema, era la primera vez que yo pisaba un hotel alojamiento. Apenas vi la cama en forma de corazón, me tiré sobre ella y empecé a jugar con las luces de colores que se manejaban en el pequeño panel. Los dos pervertidos pusieron el canal “Venus” y comenzaron a acariciarme suavemente, luego, se atrevieron a desvestirme, con lo cual empecé a sentirme un poco incómoda. Me dejé tocar los primeros tres minutos, les dije que se detengan, pero los dos pajeros insistían, y yo seguía negándome. No hubo caso y siguieron franeleándome hasta que los amenacé con que iba a gritar, se detuvieron y el muy degenerado del gordo, tuvo la descares de preguntarme si por lo menos no se la quería chupar un poquito, señalándome la tele, donde justo se mostraba una escena de fellatio. Por supuesto que le dije que no y, no tuvieron los dos, pervertidos más opción que rendirse.

Volvimos al auto y, cuando ya pensaba que me estaban llevando a mi casa, los malditos perversos decidieron ir a Sitges en busca de algún puto que les sacara la leche hervida. Me quedé encerrada en la camioneta esperándolos por poco más de media hora.  Como no consiguieron nada, me devolvieron a mi casa y nunca más supe del gordo violador, pero si volví a reencontrarme años después con el otro que no recordaba el nombre, por  medio de mi primo, que lo había conocido por chat. Aquel día del encuentro El hombre, iba de lentes oscuros y  vestía un tapado negro largo que lo cubría. Dijo que era clarividente y que tiraba las cartas, me había caído bien hasta que la visión me llegó, me di cuenta de que él era nada más y nada menos, el amigo del gordo Johnny. Cuando se lo comenté, se hizo el desentendido y dijo que tenía que irse, se esfumó rápidamente y nunca más supe de él.

jueves, 17 de agosto de 2017

Día & Noche

En la esquina de Callao y Rivadavia me encontraba junto a Ybán esperando a Medea que nos llevaría una pepa. En esos minutos de espera, pasó por nuestro lado un hombre que nos clavó una mirada penetrante, alto y rubio, de piel bronceada que parecía tener poco más de treinta años. Se detuvo en el puesto de diarios a pocos metros de donde estábamos paradas y nos siguió mirando fijamente, al mismo tiempo que con escaso disimulo, ojeaba las revistas. Le comenté a Yban sobre la presencia acechadora que él no había advertido todavía y  también comenzamos a mirarlo, hasta que nos hizo un gesto con la mano para que nos acerquemos, enseguida le devolví el mismo gesto para que se acercara él. Viene hacia nosotras y nos cuenta que tenía una propuesta, cuando le pregunté cuál era, respondió que quería que le chupemos la pija las dos en su camioneta, la cual se encontraba estacionada a pocas cuadras de allí y, que contaba con vidrios polarizados. Le dijimos que en pocos minutos vendría una amiga nuestra para darnos algo y que luego de eso se la chupábamos, decidió esperarnos y volvió al puesto de diarios. La pepa llegó y volvimos con el rubio bronceado que nos pidió que lo sigamos hasta la 9 de julio donde se encontraba su camioneta. Entramos y nos acomodamos en la parte trasera, el rubio bronceado se sentó entre medio de Ybán y de mí.
-¿Quién va primero? -Nos preguntó el macho, al mismo tiempo que sacaba la verga de su bermuda. Ybana me señaló con el dedo y enseguida me agaché a comérsela, junto con un  pequeño trozo de papel higiénico que decoraba su glande, al principio pensé que era “quesito”, pero cuando presté atención, aquel papel me pareció que evidenciaba cierta pulcritud. Luego le concedí el honor a Ybana, mientras que yo me quedé manoseando sus huevos y acariciando su abdomen, sofocada por el deleite de ver como el placer se reflejaba en su rostro. Luego de turnarnos con Ybana un par de veces la pija en nuestras bocas, le dimos los últimos lengüetazos a dúo y, para el final lo masturbé, apretando su verga con vigor al mismo tiempo que Ybana le succionaba las pelotas. De todas maneras, el rubio bronceado no pudo acabar debido al excesivo calor que hacía aquella tarde de sol furioso. Antes de despedirnos nos preguntó si nos habíamos divertido y por supuesto que mucho, ya que para mí se sentía muy agradable volver a casa con restos del sabor de aquella suculenta pija…

Llegando la noche, habiendo ya entrado al desenlace de nuestro viaje místico, salimos a dar unas vueltas por el barrio. Cuando llegamos a Rivadavia, capté la mirada lasciva de un hombre en bicicleta que nos hizo un gesto para que doblemos en la calle contigua. Lo hicimos y, esperamos al impúdico que rápidamente llegó y nos preguntó cuál de nosotras se la chupaba primero. Le dije a mi amiga que me espere y crucé a la calle de enfrente con él, que se apoyó contra un auto gris estacionado. Con una de sus manos me agarró la cabeza haciéndome arrodillar, se desabrochó el pantalón y extrajo de allí un pequeño pene albino, decorado de un delicado raso de pelos rubios. Me lo metí en la boca aun cuando no estaba erecto, pero en menos de un minuto salió erguido. Me hizo pararme prontamente cuando un transeúnte que pasó por nuestro lado nos vio pero que enseguida corrió la mirada y no dijo nada. Se la seguí chupando y me preguntó si me la tragaba, le dije que sí, entonces, saqué mi lengua mientras él se pajeaba y esperé por la leche que no tardó en llegar. Una parte la digerí, otra la escupí y la última que se instaló en los alrededores de mi boca, se la ofrecí a Ybana que me esperaba en la esquina y, encantada devoró en exclusiva hasta la última gota.

El Caballero

Era una fría noche aquella en la que por un largo rato me quedé pensando sobre lo que me había dicho hacía minutos, antes de salir de mi casa rumbo a verle. Llegué hasta la calle Rivadavia  y caminé fijándome la altura para ver donde era. La encontré y doblé por ella, lo vi acercándose hacia mí mientras yo cruzaba la avenida yendo hacia él. Vestía un sobretodo negro, le dí un beso en el cachete y me contó mientras entrábamos a su casa que vivía con un amigo quien todavía no había llegado. Me senté en un sillón y él en otro frente a frente, me prendí un cigarro y enseguida se fue a la cocina saliendo por un pequeño patio para traer fernet. Me mostró algunos fotogramas que me gustaron de alguna de sus filmaciones, le hablé del número once y cuando salió de nuevo, me fijé la hora y ahí estaba aquel número. Pensé en el amor, en mi enamoramiento con él, besándome lentamente, dulcemente. Me mostró un libro de literatura medieval que tenía la particularidad de faltarle algunas páginas, que era casi imposible la tarea de encontrar el libro completo. Pensé en mi amiga Sonya de Madrid, comentárselo a ver si sabía de cual se trataba, ya que ella sabía mucho de literatura.

Más tarde, con la bebida encima, me fui al baño, dejé la bufanda en el asiento y cuando regresé, me crucé con el amigo pero no saludé e, inmediatamente regresé al living donde vi al caballero oliendo mi bufanda, acto que percibí como una caricia en mi alma. Luego me contó que jamás pudo superar  la muerte de su padre. Quería besarlo, observaba sus manos grandes, manos que según me contó él, venían de una familia de campesinos agricultores. Las imaginaba acariciando mi cuerpo mientras me hablaba y en un momento agarró mi mano derecha y la dirigió a sus labios para besarla, pero inconscientemente no dejé que eso pasara y alejé mi mano nuevamente. Decidí irme porque era algo tarde aunque la estaba pasando bien, quedamos en vernos otro día y me acompañó hasta Rivadavia donde intente darle el beso de despedida en la boca pero lo esquivó.

Polvo de Navidad


Después de haber cumplido con catorce años de edad, me encontraba chateando con un macho con el que ya venía hablando unos cuatro meses o más. Nunca hubo demasiado interés por parte de él hacia mí, pero justo ese día de Nochebuena y, un sol que iluminaba con todo su esplendor, me preguntó si tenía ganas de pasear con el auto. Me encontré con él cerca de las tres de la tarde en una de las esquinas de Rivadavia y Nazca, me paré a esperarlo y, al rato llegó y se acercó a preguntarme si era yo, me subí a su auto y partimos. No era alto, típico físico de futbolista, veintitres años con buenas piernas y algo peludo, con brillantes ojos verdes. Seguimos derecho por Rivadavia yendo hacia Caballito, no hablamos mucho, pero me resultó simpático, me sentía bien la brisa que soplaba en mi cara mientras observaba las calles y el cielo, me llamó la atención una pareja que caminaba por una vereda. Estacionó el auto y me preguntó lo que me gustaría hacer,  me propuso dos opciones; una era ir al shopping y luego dejarme en mi casa, y la otra era ir a un lugar más privado. En ese momento, lo único que quería yo y para lo que había ido a ese encuentro, era para probar una pija más, por lo que me quedé con la segunda opción. Bajamos del coche y caminamos unos pocos metros, entramos  a un edificio. El macho saludó al guardia y enseguida nos metimos en el ascensor, subimos y entramos al departamento donde solo nos recibiría una cama gigante, un televisor y un caniche toy, nada más. Nos tiramos en la cama y entre histeriqueos nos dimos un beso, le saqué la remera, él la mía y, entre más lengüetazos y caricias, le saqué el pantalón, él estando acostado boca arriba y yo arriba suyo. Después intercambiamos los lugares y le saqué la ropa interior para meterme enseguida su pija en mi boca. Luego me besó la cola raspándome con su barba cuasi afeitada y, después, el esperado beso negro llegó. Hicimos un sesenta y nueve, pero no dejé que toque mi sexo, solo le ofrecí mi agujero. Él estaba acostado boca arriba nuevamente, mientras que yo, boca abajo, acostada junto a él, con mi mano froté su pija hasta hacerla acabar dejando desparramada la leche en todo su abdomen. Terminado el acto, nos vestimos de nuevo y nos dimos un corto beso de lengua de despedida. Al bajar por el ascensor, se subió una mujer rubia que saludó al macho con un aire provocativo, nada pareció llamarle la atención cuando sus ojos me detectaron, jamás imaginaría esa mujer que una pendeja como yo, hacía un rato se lo había devorado. Saliendo del edificio y otra vez en su auto, me llevó hasta mi casa y justo cuando arrancamos veo de nuevo a la pareja que me había llamado la atención en el comienzo.

martes, 15 de agosto de 2017

Deseo

Percibí su deseo hacia mí  desde el primer momento que nos vimos, lo conocí por mi amiga Nao. Pasaron varios días desde aquella noche que nos agregamos al MSN, luego de habernos cruzado en el boliche, Nao también me decía que andaba en algo con él, pero no me importó, no había mucho que hacer contra nuestra atracción. De todas maneras, al principio rechacé sus primeras invitaciones, debido a mi trance obsesivo con otra persona. Finalmente, arreglamos para vernos una noche cerca de las once, me dijo que se comería un sánguche luego del trabajo para luego tomarse el colectivo hasta la esquina de mi casa. Agarré el Bolskaya de la heladera y salí afuera a esperarlo. Al verlo llegar, una adrenalina recorrió mi cuerpo. Apenas llegamos al hotel, después de caminar unas diez cuadras, se acostó en la cama y me dijo que lo acompañe. Le dije que no se apure y me fui al baño. Volví entusiasmada, más al verlo sin remera, me abalancé sobre él, metí mi lengua en su boca y,  me acordé del sánguche, mientras que con sus dos manos me apretaba fuerte la cola. Besé su cuello hasta llegar a su abdomen y llegando más abajo desabroché el cinturón, le bajé los pantalones junto con su ropa interior y me acordé de Nao diciéndome que la tenía "chiqui". Rescaté su pija hundida en el pastizal y la llevé a mi boca, al mismo tiempo que absorbí con mis fosas nasales todo el hedor de sus horas de trabajo. También según me dijo, era su debut dando un beso negro. Me gustó su cuerpo, medía cerca de un metro sesenta y cinco, poquito más alto que yo, tenía los abdominales marcados, una cola redonda, lampiña y, unas piernas que perfectamente coordinaban con mi gusto. Su rostro expresaba en su máximo esplendor su deseo hacia mí. Le costó ponerse el preservativo en el primer y segundo polvo, en el tercero no se usó. Por primera vez creí haber tenido un orgasmo, una sensación desconocida para mí hasta ese momento. Luego del coito, fumamos un cigarro y nos contamos cosas, me habló de la ex y de su hijo y, me preguntó si había traído dinero para ayudarlo a cubrir lo del hotel. Traté de que la indignación no se expresara en mi cara y, cuando le dije que no, la desesperación llegó. Dijo con preocupación que no le alcanzaba la plata, también se sumaba a la cuenta el lubricante que habíamos pedido por teléfono. De todas formas, también contaba con la tarjeta de débito, pero no estaba seguro si le habían depositado. Nos quedamos un rato dormidos, aproveché ese momento para desconectarme, pero mi preocupación enseguida volvió al acecho cuando apenas me desperté. Por suerte, salí del hotel aliviada al ver que su tarjeta funcionó.

lunes, 3 de julio de 2017

Mi Primera vez


Un día de mayo cuando yo tenía trece años de edad me tomé el 92 para ir a la casa del chico con el que había arreglado un encuentro por chat, ese día daría primer beso y tendría mi primera experiencia sexual. Ni siquiera me había mandado una foto, en esa época muy pocos tenían, por eso ni me preocupaba si la persona me iba a gustar o no, solo quería probar una pija. Me bajé del colectivo y busqué la calle Gallo que era en dónde se ubicaba el departamento de Juan Manuel (así se llamaba él). Era una de las primeras veces que viajaba yo sola tan lejos, por eso me perdí y me demoré varios minutos por las calles de Palermo. Después de dar muchas vueltas finalmente encontré la dirección, me dio pudor al ver dos pibes parados con sus bicicletas en la puerta del edificio, igualmente me acerqué y toqué timbre. Enseguida bajó a abrirme, apenas lo vi pensé que era horrible, pero no me importó. Físicamente me interesaba alguien flaco, una de las primeras cosas que le pregunté a él fue esa cuestión, me había dicho que sí lo era, pero cuando lo vi comprobé que el muy descarado me había mentido. No era alto como lo imaginé, medía aproximadamente un metro sesenta y cinco, tenía el pelo castaño claro, ojos café, bastante relleno y lampiño. Entramos a su departamento y lo primero que observe fue la perfección de como estaba ordenado todo, prendió la radio y nos sentamos en la cama. Comenzamos a charlar de nuestras vidas y después de muchas vueltas me pidió un beso que le negué debido a que mi cuerpo temblaba por la adrenalina, por eso seguimos charlando un rato largo hasta que no aguanté más y le terminé comiendo la boca yo. Agarró mi mano y me hizo tocarle su miembro duro por arriba del pantalón, era la primera vez que tocaba una pija ajena, me encantaba acariciarla. Después pude sentir como era en verdad, nos paramos y nos abrazamos durante un tiempo, luego volvimos a la cama y me quiso desnudar, pero nuevamente me negué porque me daba mucha vergüenza, me dijo que no había problema, pero que por favor me sacara las zapatillas porque no quería que se ensucie la cama. Apenas hice eso me besó de nuevo pero con más fuerza mientras yo lo masturbaba, después le dije que quería probarla y me acosté en la cama, acercó su pija hacia mi boca y se la chupé un rato muy corto, luego de eso, se retiró al baño y acabó. Cuando volvió, me pidió amablemente que me fuera porque supuestamente tenía mucho trabajo que hacer, me abrió la puerta y me fui en el 92 con el miedo de que la gente se diera cuenta de lo que había cometido hace un rato.

sábado, 18 de marzo de 2017

Verdulero

Cuando iba rumbo a clases de percusión los miércoles, me tomaba el 114, y noté que en la cuadra había abierto una verdulería y quien la atendía era una figura masculina alta y estilizada, algo borrosa pero me atraía. Así pasaron los meses y la figura alta, estilizada y borrosa seguía ahí. Las clases terminaron y no pasé por esa cuadra hasta mucho tiempo después, ese día teníamos que ir a la ferretería con mi novio, tenía ganas de vestirme sexy y con plataformas. Por fin iba a poder ver de cerca al verdulero.  Cuando lo vi, apenas le presté atención, se adelantó a decirme “hola”, y eso me sorprendió. Así que tiempo después, una mañana me levante y me puse sexy otra vez, aunque la verdad no tengo que esforzarme tanto para eso. Fui directo a la verdulería para con la excusa de comprar algo, pero no me animé y seguí de largo, aproveché para comprar puchos en un kiosco. Al volverme me desvié del camino porque ya no quería pasar de nuevo, pero me arrepentí a los segundos y volví por su ruta. Cuando estaba llegando a la meta vi que estaba parado en la puerta, pero esta vez le dije “hola”. Así pasaron los días y seguí pasando diciendo “hola” y “chau”. Hasta aquel día en que me propuse pasarle mi celular. Pasé pero solo lo saludé, compre puchos y a la vuelta, antes de que pueda decirle algo, el me llamó para pasarme su teléfono, estaba escrito en un papel con su nombre. Lo agregue al whatsapp y hablamos un par de días, me dijo de ir al parque de noche, pero me negué. Un día me invito a tomar mate un domingo a la mañana, antes de irme a la feria a trabajar, pasé un rato, pero llegué medio tarde y el mate que me convidó ya estaba frío. Sentada en una silla rodeada de frutas y verduras, hablamos, me dijo que era tucumano y que tenía 35 años, su voz y forma de hablar me resultaban atractivas. Finalmente me besó, tocándome las tetas, me gustaba. Me dijo de pasar al pequeño cuarto de baño, pero la verdad tenía ganas de estar cómoda y hacerlo bien, así que desistí. Me fui repentinamente del local y nunca más volví, hasta ayer…

Luego de esa vez, ya no sentía una conexión, el coqueteo previo fue lo que más disfrute, pero al llegar a la meta, dejó de interesarme. Le dije por mensajes que había vuelto con mi novio y que ya no iba a pasar más, me insistió para que al menos nos saquemos las ganas, pero me negué. Lo bloqueé del teléfono, pero me sentí una simple calienta pavas, no estuve de acuerdo con mi actitud por mucho tiempo. Necesitaba un cierre, una reconciliación, ya que muchas veces pasé por la vereda de enfrente y no atiné nunca a saludarle. Yo lo había buscado, yo jugué, tenía que hacerme cargo. Así que ayer estaba con una amiga que tenía que comprar zanahorias y algo más, y aproveché para decirle que vayamos a aquella verdulería. Cuando nos estábamos acercando, me sorprendió verlo un poco intimidado por mi llegada, miraba su celular, sentado. “Hola” le dije, ¿te puedo saludar?, y lo saludé con un beso. Señalé a mi amiga y le dije que venía a comprar, lo despedí amablemente y me alejé con una sonrisa.

sábado, 12 de noviembre de 2016

La Plaza

Una noche cálida caminaba en companía de Nao por la avenida Córdoba, pasamos por la puerta de Angel’s a buscar a Kristin. Una vez reunidas, fuimos a dar unas unas vueltas en busca de alguna presa y encontramos a uno que se acercó a hablarnos, me miró con sus ojos grandes y me dijo que me conocía, que muchas noches me había visto por la Avenida de Mayo. Nao y Kristin empezaron a tocarlo, nos calentamos mucho pero yo estaba con la paranoia de que venga algún policía, por suerte encontramos una especie de garage, nos metimos ahí con el chico y le sacamos el pantalón y la ropa interior, tenía una pija mediana, blanca ,con la cabeza muy roja y aguada, fuí la última en acercar mi boca en el plato que Nao y Kristinn ya estaban probando, cuando me agaché a chupársela aparecieron de la nada unos polis que cuando apenas los ví, me alejé rapidamente y pasé por al lado de ellos sin que me prestaran mucha atención, esperé a las chicas en la esquina, no pasó nada, el chico desapareció y seguimos nuestro camino. Otro tipo me miró cuando nos lo cruzamos en la avenida, me acerqué a él cuando ví que se paró a esperar, era alto, me propuso dar una vuelta dentro de la plaza de facultad de medicina, nos sentamos en un banco y charlamos, observamos a lo lejos a una pareja que estaba cogiendo detrás de un árbol, comencé a tocarle la pija parada por encima del pantalón deportivo, le subí la remera porque quería ver como era ese cuerpo, esas tetillas duras que le chupé con suavidad, ese ombligo hundido y ese abdomen adornado con unos decentes vellos que formaban un camino que terminaba en lo prohibido. Su pija hinchada latía desesperada por salir, metí la mano debajo de su pantalón, exploré sus piernas y lo acaricié por arriba de su ropa interior, no aguanté más y saqué con mis manos su pija afuera, la aprecié de forma única con mis ojos, y solté palabras de deseo hacia ella, me acerqué y la chupé con todas mis ganas, me hundí bien abajo hasta ahogarme, la pareja que fornicaba a lo lejos nos miraba, me detuve un momento y transamos, la pareja se fué. Nosotros también nos teníamos que ir. Nao y Kristin daban vueltas por la plaza, las encontré y nos dimos la última vuelta por la vereda de Angel’s. Casualmente volví a cruzarme con el chico de la plaza, me habló unos segundos y después se fué para siempre, sentí furia por no poder seguir, estaba tan caliente.

Nao y Kristin también me contaban que en la plaza de la facultad de medicina se encontraba un rengo que siempre mostraba la pija y de un linyera que parecía de algún país de Europa del Este, a estos dos personajes los conocería un tiempo después en aquella plaza. Fué aquella noche que me acompañaban Nao y la Puky. Cuando subimos a la parte alta de la plaza subiendo una rampa, nos encontramos con el rengo pajeándose, que inmediatamente reconoció a Nao y nos saludó a todas amablemente y con un beso. Hablamos un rato con él y nos contó de todos los putos chupapijas que conocía por la zona mientras yo relojeaba su bulto hipnotizante. Metros más adelante se encontraba sentado en un banco un lindo linyera rubio, de ojos celestes, alto, muy atractivo y que largaba un aroma vomitivo, este también había reconocido a Nao y nos saludó, no me acuerdo que hablamos, pero si me acuerdo de su pija mediana y rosada, curvada y sucia que nos mostró luego. A la Puky pareció interesarle mucho y se quedó con él, así qué aproveché con Nao para dar unas vueltas. Salimos de la plaza y recorrimos las calles cercanas mientras charlábamos y nos reíamos fantaseando con los transeúntes masculinos. Cuando volvimos por última vez a la plaza vimos a la Puky que se encontraba agachada chupándole la pija al linyera, le hicimos notar nuestra presencia, nos sonrío y la esperé con Nao sentada en un banco de por ahí.

Jason

A los pocos meses de haberme iniciado en mi sexualidad, conocí a Jason. Hablamos mucho por chat , él nunca había estado con alguien de su mismo sexo y quería probar, aunque mucho el tema no lo mencionaba en nuestras conversaciones. La noche en la que se presentó la oportunidad de conocerlo iba a tener lugar en una reunión organizada por Adrián, el docente de ojos azules que tenía preferencias por los de mi edad. Como era lejos y de noche, le rogué a mi papá que me llevara en el auto pero se negó, así que lloré durante media hora, me tiré al piso, grité y escupí hasta que logré que cambiara de opinión, me lavé la cara y salimos. Paramos cerca de Cabildo y Juramento, supuestamente estaría esperándome ahí para después llevarme a un ya conocido bowling. Me dijo que lo reconocería por un gorro y me centré en un chico de gorro blanco que esperaba parado, hasta que ví sentarse a otro pibe de pelo largo, también con un gorro, pero negro, yo no sabía que Jason tenía pelo largo. Pasaron los minutos y como nunca bajé del auto, en algún momento se tuvo que ir y volví a casa preguntándome en el viaje que hubiese sido de su noche conmigo. Al día siguiente me dió la confirmación de que era él, el que se sentó y se fué corriendo porque vió a unos conocidos suyos. El tiempo pasó poco cuando Alí me presentó a su amigo Ezequiel de casi quince años de edad o cerca, morocho de ojos verdes, afeminado. Arreglamos un encuentro los tres e invitamos a Jason para que se conozcan, total, él no me atraía más que Ezequiel, como todavía no distinguía entre los roles, si pasivo o activo, yo solo quería sexo. Al otro día, después de nuestra corta reunión pululando los subsuelos del Abasto, Jason me habló de su experiencia con otro hombre y me dijo que le había gustado mucho, que luego de irme con Alan de la reunión, Jason se quedó con Ezequiel y se fueron juntos a la casa de alguno de los dos. Pasaron los días y los meses, nuestras charlas se acortaron hasta desaparecer, él se cortó el pelo y yo seguí a la lujuria. Lo volví a ver en un par de noches en distintas fiestas y no fuimos más allá de un saludo.

Manchas


Mi compañera Nao lo conocía muy bien, me encontraba con ella en un cyber por Lavalle. Ella se quedó cuando yo me fuí sola al encuentro con él. Me encontré en alguna calle no muy lejos de ahí y caminamos yendo hasta Puerto Madero. Nos adentramos por los bosquecillos en penumbra e intentamos pasar a una zona, pero como vimos el contorno de un hombre fumando nos alejamos porque queríamos estar solos. Seguimos por un sendero que se encontraba entre medio de grandes edificios enrejados, estaba algo oscuro. Nos sentamos por ahí junto a un árbol y enseguida peló su verga, me arrodillé y me metí sus huevos bastante rellenos en mi boca para luego terminar devorándome toda su pija gorda. Se la chupé como una condenada eternamente a la tarea, hasta que ví que venía para nuestro lado una pareja, rápidamente se guardó la pija y disimulamos hasta que desaparecieron en la oscuridad. Continué con la terapia oral y luego de un rato de refregármela por la cola, me bañó con su leche. La mayoría salpicó en mi cara y con mi dedo índice agarré de ella un poco y lo chupé para finalmente probarla. Volvimos a la luz y viajamos juntos en el 4, él se bajó en Parque Chacabuco, me contó alguna historia que otra, hablamos de gente que conocíamos. Yo seguí hasta Floresta y cuando me bajé me ví toda la ropa manchada.

Sus hijas me miraban





Faltaba poco para que me fuera de viaje, necesitaba plata, así que arreglé con un señor del barrio de Devoto que me pasaría a buscar aquella noche calurosa. Noches atrás, mi amiga Justine, se olvidó unos tacos en casa, que para no repetir usé en aquella ocasión con el viejo. Ya era de noche, salí a la puerta a esperar hasta que llegó el auto de vidrios polarizados. Subida al coche observé de que se trataba de un señor mayor de pelo blanco, ojos celestes, morrudo. Charlamos en la ida acerca de mi viaje y otras cuestiones sin relevancia. Llegada a la casa, en un barrio tranquilo de casas y árboles, el viento soplaba y se oía, entré. Una casa amplia de pasillos y puertas, también una escalera, me llevó a una habitación que parecía ser el living, no de gran tamaño, con fotos, un televisor grande, una mesa ratona de vidrio polarizado. Las paredes de un ladrillo fino y cálido invitaban a quedarse. Pregunté quiénes eran las chicas sonrientes de las fotos colgadas, -mis hijas- me contestó, y ví que tenía la pija dura. Se desabrochó el pantalón y salió de ahí su verga un tanto gorda, no muy alta, pero cabezona, rodeada de un vello púbico blanco. Se la chupé un rato mientras acariciaba mi cola, y enseguida me llevó a su habitación. Me dijo que me ponga en cuatro, ensalivó sus dedos y me mojó el ano. No me dejé coger, ya que me dolía, era muy gruesa. Lo hice acabar pajeándolo y acabó bastante leche. Nos vestimos, me dio el dinero y me llevó a mi casa.

sábado, 25 de junio de 2016

Souvenir

Los cuerpos masculinos que danzaban aquella noche en la pista hicieron que me excite un poco, por eso, subí rápidamente las escaleras hacia el mítico túnel del lugar. Después de dar un par de vueltas, me crucé a alguien de gorra blanca que  me miró, vestía una musculosa blanca que denotaba un físico trabajado y, cuando pasé por su lado,  aprovechó para manosearme la cola, pero no me detuve y seguí de largo. Di otra vuelta para buscarlo y de repente me agarró del brazo diciéndome al oído que le encantaba, que quería probarme. Me senté en sus piernas abrazándolo, apretujando con vigor sus fuertes brazos que me daban una sensación de protección y le agarré la cara para besarlo, lentamente nos degustamos. Luego me preguntó si no quería ir a su casa, a lo que le respondí que sí, pero antes le tuve que preguntar la edad que me sorprendió cuando me dijo que tenía cuarenta y dos, porque yo pensaba que era mucho más jóven. Ya se había hecho de día cuando salimos del lugar, fué ahí donde pude verle bien la cara y no me desilucionó, a pesar de que era bizco. Fue  el momento en el que llegando a Tribunales se dió cuenta de que estábamos en el camino incorrecto, y nos tuvimos que bajar para volver a  tomarnos el colectivo correcto. Durante el viaje me contó un poco de su vida, que era profesor de salsa, que en una época pudo tener mucho dinero pero que la mujer lo arruinó. En un momento me agarró de la mano y notó mi desprevención, me dijo que no sabía si me gustaba que me demuestren afecto en un lugar público, por las dudas me soltó y siguío hablando, se imaginó que podíamos a llegar a ser muy buenos amigos y que tal vez novios. Llegando a destino nos bajamos en una avenida, un lugar repleto de gente y colectivos, caminamos entre las miradas fijas hasta que cruzamos un puente y a unas pocas cuadras se encontraba su casa. En el camino me preguntó del por qué me drogaba, tenía un cierto miedo por una ex de él que fué cocainómana.. Cuando entramos a su casa, encendió la radio y subí las escaleras hacia su cama. Me recosté junto a él, nos besamos y me preguntó en que año nací, cuando le dije la fecha, me comentó de que yo era dragón como él según el horóscopo chino, también me contó que nunca había estado con una trans, que había estado con mujeres  y que su última pareja había sido un chico con el cual terminó de explorar su gusto por los hombres. Nos besamos de nuevo frotándonos mutuamente y nos sacamos la ropa, opté por no ver tan rápidamente su pija, quería disfrutar un rato más, excitándome sintiéndola con mi mano, descubriendo su dureza y adivinando su grandeza, nunca había visto una de ese talle hasta que me digné a adorarla con mis ojos. Mientras lo besaba le hacía la paja, me preguntó que me gustaba, le respondí que me encantaba que me chuparan el culo, y me hizo poner de espaldas,  la recorrió con su lengua hasta llegar al agujero negro, el cual degustó pareciendo imitar a una víbora. Después alejó su cara hacia mis pies y los chupó un rato, se recostó boca arriba porque ya era la hora de probar hasta dónde podía almacenar mi boca su miembro dotado, y no fué mucho más de la cabeza ya que era demasiado gorda y cabezona, blanca y rosada, decorada con dos huevos un tanto pesados que succioné tratando de meterlos enteros en mi boca. Luego subí con mi lengua muy despacio hasta llegar al glande para finalmente refugiarlo en mi cavidad bucal unos minutos hasta que me agarró de la cabeza para darme un beso. Me sentía un tanto mareada por todo el alcohol que había bebido, me abrazó y me quedé dormida un rato.

Cuando abrí los ojos, él estaba quieto, pero cuando me moví  se despertó al igual que su pija, se la acaricié por debajo de las sábanas mientras se complacía con mi cuello y al rato me contó entre jadeos que no podía cogerme, que solo me quería así, abrazándome y besándome por  siempre, no sabía el por qué, se lo preguntaba. Paramos un rato y me siguió hablando del budismo, que si me interesaba y si quería saber más me presentaría a unos conocidos suyos adentrados en el tema. Luego de la charla, mi malestar aumentaba cada vez más, el dolor de cabeza me había desaparecido pero me dolía mucho la panza, me ofreció un té que al rato fuí a vomitar al baño, la música me taladraba la cabeza. Se notó su desconsuelo cuando le dije que ya era hora de irme, me pidio el teléfono y él me anoto el suyo que compartía con sus vecinos, que pregunte por Rubén. Me puse el vestido, él el short y, antes de salir a la calle, me regaló un pequeño souvenir de delfín. Era un día soleado de primavera y para mi suerte a unas pocas cuadras paraba un colectivo que me dejaba en la esquina de mi casa. Mi malestar desapareció completamente poco antes de llegar a la parada, tenía muchas ganas de comer. Nos despedimos y quedamos en que nos volveríamos a ver algún otro día, pero cuando llegué a mi casa tiré el número de teléfono a la basura y coloqué al delfín frente al espejo de mi habitación como recuerdo de aquel día pensando que no lo volevería a ver nunca más, pero me equivoqué. Pocos meses después me lo encontré en el mismo lugar, me saludó desprevenida, me dijo que me había llamado pero que nunca atendió nadie, y al no darle una respuesta clara, se alejó. Me senté en el sillón y lo busqué con una mirada camuflada, lo ví hablando con alguien, me miraba, esa fué la última vez que lo ví.

miércoles, 27 de abril de 2016

Noche de Verano en el Rosedal

Una noche de verano; Nao, Kristin y yo, fuimos a los bosques de Palermo en busca de algún macho con plata  y buena pija. Nos sentamos por ahí y al rato se acercaron dos travestis a charlar con nosotras, nos fumamos un porro que nos convidaron y  luego se fueron con los clientes. Los autos pasaban pero ni pelota nos daban, las traviesas en tanga y corpiño nos opacaban, por esa razón es que nos fuimos a recorrer la zona. Caminamos un buen rato hasta que nos detuvieron dos hermosos hombres veinteañeros que nos invitaron a tomar unas cervezas, sin dudarlo aceptamos. Nao y Kristin se arrinconaron con uno de los jóvenes dejándome sola con el otro. El veinteañero comenzó a besarme con fuerza, su abdomen marcado y su culo parado me deleitaban. Transamos un rato hasta que me preguntó si me gustaba la pija, le dije que me encantaba, por eso, enseguida sacó la suya y yo como buena petera ya se la estaba comiendo. Luego se sumó Kristin que tenía muchas ganas de probarla, le dio un par de lamidas y volvió con el otro joven. Seguí succionando, pero esta vez el veinteañero me agarraba la cabeza y me tiraba del pelo, me pasó su pija por toda la cara, inclusive el cuello, humedeciendo mi piel con su abundante líquido preseminal. Enhorabuena, el joven derramó toda su leche semilíquida en el pasto, el sagrado licor que quedó chorreando de la cabeza de su exquisita verga aproveché para tomármelo. Terminado el acto con los dos jóvenes héteros, nos despedimos de ellos. La Kristin se fué a su casa, mientras que a La Nao y a mí nos quedaban unos cuantos pasos más. Caminamos y caminamos hasta que nos detuvieron dos rollingas en una moto, casi no hubo diálogo entre nosotros, se bajaron y automáticamente los seguimos hasta un rincón oscuro. Nao se quedó con el de pelo largo y colita, y yo con el otro de flequillo, el cual  me besó un rato largo hasta que desenfundó su enorme verga, pesada y gorda, ante la cual me arrodillé. Casi ni me entraba en la boca, imposible tragarla toda, se la chupé sujetando con mis manos su frondoso culo hasta que largó una abundante y espesa leche que en esta oportunidad no probé. La Nao hizo lo mismo con el otro y ya exprimidos los dos, siguieron su camino. Amaneciendo, nos encontrábamos satisfechas por las pijas que nos habíamos comido, pero todavía faltaba conocer una más, esta pija era la de un gordo taxista que nos paró y nos alcanzó hasta el Congreso a cambio de una chupada que nunca fué, porque cuando la Nao apenas le tocó el maní al gordito, este acabó enseguida. 

miércoles, 13 de abril de 2016

Secreto en la Montaña

Llegamos después de horas al refugio con Rodrigo, en la mesa de allí nos sentamos e interactuamos con dos jóvenes cordobeses mateando y comiendo galletitas. Llegaron los hombres de las montañas y al rato otros pibes con los que fumamos y escuchamos las historias de Luis acerca de las leyendas  montañesas. Necesitaba sacarme la transpiración de la subida, así que me dí una ducha de agua fría y descansé un poco. Antes de que la oscuridad arribara, llegaron otros dos cordobeses, después, los muerciélagos pasaron y, entramos al refugio. Solo una luz tenue blanca nos iluminaba. Cuando me dio sueño después de comer, subí arriba y ví que Luis me había preparado la bolsa de dormir justo al lado de uno de los cordobeses últimos que llegaron ese día. Fué el único por el que sentí atracción, era alto, flaco, tenía una barba de las que me gustan. Saludé a Rodrigo y me eché a dormir muy cansada. Me levanté exhaltada y transpirada por una pesadilla que tuve, miré el celular y ví que solo eran las dos de la mañana, esperaba despertarme cerca de las ocho. Pero antes de dormir otra vez, tuve una visita del demonio, me acordé de quien se encontraba a mi lado, me guié por sus ronquidos, por momentos hablaba solo. Extendí mi mano lentamente y toqué su bolsa de dormir, necesitaba encontrar su bulto pero debido al grosor de la bolsa de dormir me fuí a buscar el cierre. Lo encontré y lentamente comencé a bajarlo, escuché una tos que me hizo detener por unos largos minutos, pero pensé con la pija y continué. Bajé el cierre por completo y lo escuché hablar, pero parecía encontrarse en un sueño profundo. Sentí su pecho suave y peludo, quise bajar ràpidamente a su verga pero me encontré con su cola, acaricié sus piernas velludas al mismo tiempo que con mi otra mano me hacía la paja. Finalmente encontré su pija, tenía un slip con el que tuve que lidiar para poder meter mis dedos algunos de mis dedos dentro, llegué un poco a sus huevos y fué ahí donde explotó mi adrenalina y acabé sin tocarme. Retiré rápidamente mi mano de su miembro, traté de limpiarme un poco y no tuve la delicadeza de cerrarle el cierre. Ya era de día cuando desperté, algunos muchachos ya se habían levantado, le conté a Rodrigo al oído apenas se despertó lo que hice y nos reímos.

Príncipe punk


Me rapé la cabeza, solo me dejé el flequillo rubio y salí una noche con Kristin. Esa noche él se pensó que yo estaba muy ligada al movimiento punk ortodoxo, pero en realidad yo siempre estuve muy ligada a mi misma, una sola palabra no podría definirme nunca. En algún momento de la noche, por medio de Kristin, que estaba más punk que de costumbre, se acercó hacia mí, me lisonjeaba como extasiado por mi presencia, síntoma de la obsesión. Casi al final de la noche nos arrastramos hacia el túnel, sacó su verga y se la chupé unos segundos hasta que me fugué repentinamente de la escena, lo dejé solo.
En la semana nos encontramos en un hotel y cogimos. No me gustaba, solo satisfice la carne, no aguanté su mente enferma. Muchas veces me traía marihuana y cocaína a mi casa, va, solo era invitado al zaguán y no más allá. Se venía de Balvanera a verme, pero solo por escasos minutos, a veces me robaba unos besos. Otra noche, él conoció a un fantasma de mi barrio, dijoque poder ver los auras, que el mío era de color gris y, el fantasma me miró y me preguntó si estaba triste. Cedí mi cruz cuando él conocío a Justine, de quién enseguida se enamoró perdidamente, por fín se pudo olvidar de mí unos meses.
Pero el tiempo pasó y, una noche nos invitó a su casa, su papá dormía y él revoleaba unas navajas queriéndonos seducir con su destreza, su fuerza, su hombría supongo, al ritmo de La Polla Records. Siempre me contaba sus historias de peleas callejeras, de su conocimiento profundo en las artes marciales. También se encontraba aquella noche,  un amigo de él en la casa, de una edad cercana a la nuestra, nos calentaba muchísimo, aunque su presentación para nosotras no fué la mejor, tirado en el piso dormido con los labios morados que tiñó el vino ya derramado en el suelo. Cuando el príncipe se fué por una dosis de pasta base después del revuelo que se armó con el padre cuando lo despertó para pedirle diez pesos, aprovechamos con Justine para comernos a su amigo, ella fué la primera que lo agarró desesperada ya que el príncipe antes de irse abajo, amenazó de muerte a su amigo mientras malabareaba con dos cuchillos. Luego lo besé yo, era demasiado flaco, pero me gustaba acariciar con mis manos la sobresaliente de sus huesos. Vimos su pija que nos pareció preciosa, venosa, Justine la devoró succionándola como una vampira láctea, mientras que yo parecía acariciarla con mi boca, concentré todo mi sentido táctil en ella. Al rato llegó el príncipe, pero nunca se enteró de nada, se quedó en la habitación con Justine y yo me fuí a otra con el amigo. Le chupé la pija otra vez, pero me enfoqué más en sus testículos, luego me bajé la tanga, me levanté el vestido y cogimos de parados…

La última noche que lo vimos se debió a nuestra caída en la tentación por el vicio que nos arrastró hacia Constitución. Nos había convencido de que fuéramos porque dijo que tenía un amigo que era violinista y que tenía mucha merca, eso nos pareció muy interesante. Cuando estabamos llegando a la puerta vimos a un hombre que ya nos había captado con la mirada, mientras nos acércabamos a la puerta suplicábamos por adentro de que ese no fuera el violinista. Malas noticias para nosotras, era él y nos recibió con medio vaso que alcanzó de la cerveza caliente que habían tomado con el príncipe hacía rato. Se llamaba José, el tío Jose le decíamos nosotras. Mientras que Justine y el príncipe se conocían más a fondo en una habitación, yo me quedé tomando con el tío. Me tenía a upa, me pedía que le de besitos en el cachete, pero no accedí a mucho más, lo entretuve dándole de comer de mi ano toda la noche. Antes de partir hubo una discusión entre José y el resto de nosotros, porque cuando se acabó la cocaína, me irrité enseguida con la presencia del hediondo tío, por esa razón le dije que me esperara en el living, que tenía que hablar unas cosas con Justine y el otro. José se sintió apartado e irrumpió en la habitación para acusarnos de malas personas, al rato nos fuimos no sin antes escuchar al tío pedirme que no se cortara nuestro contacto. Tiesas en el colectivo, no aguantábamos un viaje tan largo hasta casa, así que nos bajamos en Balvanera hasta la casa del príncipe. Nos quedamos un par de horas, le pedimos un porro y nos fuimos, el príncipe quedó ofendido porque sintió que no le habíamos dedicado el tiempo que él creía merecerse. En su último mensaje vía online me dijo que solo podía esperar tres cosas de la droga, me pidió que por favor lo escuchara pero no cumplí.

Encuentros


Aquella primavera en la cual yo cumplí los catorce años de edad, se realizaba también la primer reunión de un chat de gays jóvenes. Arreglé ir con un maestro de primaria con quien yo me hablaba siempre vía online, y además era uno de los operadores de aquel chat. Me pasó a buscar por mi casa una tarde soleada y de ahí me llevó a comer a un McDonald’s de Flores un combo royal que elegí. Terminado el almuerzo fuimos a buscar a Serna, el puto novato de dieciseis años que ya había conocido semanas atrás. Reunidos los tres, nos tomamos un remis hasta el bowling de Belgrano y fuimos los primeros en llegar. Nos sentamos y ordenamos algo para tomar mientras esperamos a los chateros que de a poco iban llegando, no hice nada interesante en el poco tiempo que estuvimos ahí dentro, solo hablé con Alí y con alguno más que me parecía lindo, como un amiguito de Adrián, el maestro, que de a ratos me recordaba que cuando terminase la jornada,  podríamos salir los tres juntos. El ocaso llegó, Adrián aprovechó para invitarme al cine, pero lo rechacé, pero antes de devolverme a mi casa paseamos por Villa Puyrredon ya de noche, me quería llevar a su casa dónde vivía con sus padres y tenía el plan de que yo me haga pasar por un alumno suyo que iba a buscar un libro, todo esto me lo propuso estando sentados en la puerta de una casa de por ahí, no paraba de mirarme fijo con sus ojos azules. Como me negué a su idea, paró un taxi que me dejó en mi casa…
La segunda vez que vi al maestro, fué en la segunda reunión de Gayjóvenes que se concretó en el Parque de la Costa, dos  meses después de realizarse la primera. Nos encontramos todos en la estación de tren de Retiro y de ahí partimos hacia el Tigre. Tampoco hablé con mucha gente ese día, solo con tres pasivas a las que conocía medianamente. Finalizado el día en el parque, me fuí directo a mi casa , y después de ahí nunca más supe nada de Adrián, desapareció del chat, del MSN y, no lo volví a ver hasta mis dieciséis años…
Mi imagen había cambiado bastante, mutaron rápidamente en mí las hormonas femeninas, y en  una noche en la que yo deambulaba por las calles de Congreso en busca de diversión, entré a un cyber y comencé un diálogo con un tipo que supuestamente tenía veintitres años, pero tiempo después me entere que tenía un par de años más. Me dijo que andaba por el centro, solo y aburrido, entonces, le propuse de encontrarnos en el famoso Mcdonald’s del obelisco. Caminé con tranquilidad por la 9 de Julio hasta que me puse nerviosa cuando de lejos ví que me esperaba, era más que obvio que no tenía la edad que me había dicho, pero de todas maneras no retrocedí. Lo saludé, vestida de negro, con mis plataformas de charol y mi boina, entramos al  Mac, pedimos un café y nos pusimos a charlar. Le conté de mí y de todos los personajes que habían participado en mi vida sexual y, cuando le nombre a Adrián, me dijo que él también lo conocía. Seguimos hablando y nos llevamos muy bien esa noche aunque fisicamente no me gustaba en lo absoluto. Antes de retirarnos del lugar, se sentó cerca nuestro un hombre que me parecía muy familiar, no paraba de mirarlo porque algo me decía que lo conocía, hasta que me di cuenta de que era el mismo Adrián del que estábamos hablando hace un momento, no podría olvidarme de esos ojos azules, pensaba que no podía ser cierto. Enseguida le dije al tipo que estaba conmigo que se fijara si el que estaba sentado cerca nuestro era el maestro, me dijo que sin dudas era él. Me animó para que lo vaya a saludar, pero me retracté,  me lo quedé observando un tiempo hasta que se fué y, al final no pude decirle nada. Ya cuando eran casi las seis de la mañana y estaba amaneciendo, terminó mi  encuentro de la noche y nos fuimos cada uno para su lado.

Semanas después volví a Congreso buscando diversión nuevamente, entré otra vez a un cyber y en esa oportunidad, dialogué con otro tipo que andaba cerca, descubrí que se trataba de Adrián, le pregunté si se acordaba de mí, y sí que no me había olvidado. Concretamos un encuentro en el Mac del obelisco y en minutos me encontraba charlando con él, le conté de mi vida y él  me contó de la suya, como nos nos alcanzó la noche para seguir hablando, determinamos arreglar otro encuentro para otro día, pero de todas maneras estaba destinado a ser el último, ya que nunca más me lo volví a cruzar.

viernes, 26 de febrero de 2016

Pis


Tendría quince años, tal vez dieciséis. Salí de mi casa vestida con un saco de mi reciente fallecido tío, me dirigía a la casa de un hombre de unos treinta y cinco años que era un exnovio de un chico que conocí con Alí en el Abasto, una vez cuando fuimos más pequeñas.  Me acomodé la boina y tomé el bondi  hacia el microcentro, caminaba por la Avenida Córdoba en una tarde de aire fresco y sol. Sentí el desprendimiento de uno de los botones de mi saco, pero no me detuve a buscarlo y, seguí caminando hasta que llegué a la dirección. Me lo encontré antes de llegar a su puerta y mi impresión no fue para nada buena, me resultó feo y me desilusioné. Llevaba en sus manos algún objeto de computación que había encontrado en la calle.
Hablamos un rato en la pequeña cocina y después nos fuimos rápidamente para el cuarto. Nos besamos estando yo arriba de él, en su jean se marcaba el bulto de su pija parada, lo desabroché y bajé el cierre. Su verga hinchada se introdujo en mi boca, olía a orina. No quise saber más nada, por eso solté su miembro con furia, me vestí y enseguida quise irme. Me preguntó si había pasado algo y le dije que no, así que me subí al ascensor y me fuí del edificio. Pensé luego que él me había dicho que si nos encontrábamos un día, de seguro que después nunca más volveríamos a hablarnos.


martes, 29 de septiembre de 2015

Viejo

Nao le había pasado mi contacto, Kristin también me había brindado información acerca de él. Llegó la noche y llamé al remís, el señor me había dicho que me esperaría  en un local de un conocido diario por Avenida del Libertador, donde me bajé y lo esperé bajo la llovizna. A los pocos segundos apareció un auto polarizado, que su ventanilla bajó un hombre que como ya bien sabía yo, contaba con poco más de sesenta años de edad, de escaso cabello blanco distribuido de forma asimétrica y, una delgadez notable. Me subí al coche el cual avanzó solo muy pocos metros para meterse al garaje y entrar en el edificio, donde se encontraba el guardia al cual saludó. Tomamos el ascensor que nos dejó dentro de su casa, allí me agarró de la mano para llevarme al living, pasamos por la cocina donde estaba una mucama a la cual le ordenó que nos sirviera algo para beber. La recorrida terminó en su gran habitación, suavemente alumbrada por las luces exteriores, también de vez en cuando por los relámpagos. Me condujo hasta la ventana que daba a una bella vista, y ahí me abrazó. Enseguida me dijo que no me sentía cómoda con él ya que yo, sin darme cuenta, me encontraba con los brazos cruzados. De todas maneras me besó, introdujo su inquieta lengua dentro de mi boca con mucha fuerza. Luego, nos tiramos en la cama y me pidió que me desnude, colgué mi suéter y me desvestí para luego recostarme a su lado. Acariciando su pija y sus huevos estirados, le pregunté que le parecía mi cola, me respondió bruscamente diciéndome que tenía que bajar los cinco kilos que me sobraban, que no le gustaba que le pregunten. Así que en ese momento me tragué con furia su miembro hasta el fondo, el viejo gemía. En la pausa, seguimos bebiendo del vino, hablamos un rato, le comenté de una amiga mía, como el viejo tiraba buenos números, sin duda le pase el teléfono. Después de estar unos minutos más chupándole la pija, me pidió que le haga unos masajes en los pies, lo hice con bastante repulsión, pensé en la plata. Por suerte se quedó casi dormido rápidamente y, en ese momento aproveché para ir al baño, donde casi todo era dorado y brillaba. Observé los perfumes, me lavé las manos, me fui yendo. El viejo me dio un último beso y dejó algo en uno de mis bolsillos. Bajé el ascensor y saludé al guardia, me subí al remís. Cuando apenas arrancó el auto, me acordé de que me había olvidado el suéter, así que inmediatamente volví al departamento y le insistí al guardia para que llame al decrépito. Solo llamó dos veces y no quiso intentarlo más, nadie atendía hasta que lo llamé con mi celular un par de veces y atendió, le conté del asunto y enseguida ví que los números del ascensor descendían. Se abrió la puerta y agarré del suelo mi suéter. Contenta me fuí, viendo lo que sacaba de mi bolsillo.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Oculta

Un sábado me invitó a salir, me mandó una foto y lo rechacé, pero no hice lo mismo con la siguiente invitación. Me lo crucé a una cuadra antes del punto de encuentro, me esperaba, me pregunté cómo sabía él que yo venía por ese camino. Tal vez era la primera prueba de sus dotes videnciales, siguiendo la historia sobre ocultismo que él me había contado cuando chateamos, que fué lo que me terminó de convencer para asistir al encuentro. Me pareció mucho más lindo en persona y, sin dudarlo, nos fuimos directo al telo. Nos recostamos en la cama y charlamos. Me contó del por qué de sus tantas ganas de verme, según su relato, veía en mí sentidos ocultos que supuestamente compartíamos, aunque mi cabeza me decía otra cosa. Me preguntó si me molestaba que se bañe, se desnudó, y lo observé de pies a cabeza en la ducha. Se recostó juntó a mí nuevamente, deseé desencapuchar su pija dormida mientras me seguía hablando, para metérmela en la boca y sentir como se erectaba, así lo cumplí luego de besarlo. Me puse en cuatro, sus manos abrieron mi cola para meterme su lengua en mi ano. Se paró junto a la cama y me agarró la cabeza para acercarme a su pija gorda llena de pre semen, sostenía con una de mis manos sus dos grandes huevos mientras me ahogaba y chorreaba saliva. Se acomodó arriba mío abriéndome de piernas, agarré el lubricante de la cartera, me puse un poco en mi culo y, también en su verga, la cual trabajó duramente para entrar, ya que  mi agujero se resistía a abrirse si sentía dolor. Acabamos casi al mismo tiempo, después él se fué a bañar nuevamente mientras que yo me vestí. Al tiempo que el agua purificaba su ser de los aromas de mi infierno, me contó que pensaba en su ex novia porque de seguro que ella estaba pensándolo a él en ese mismo momento, ya que seguía perdidamente enamorada. Salimos del hotel, había mucho sol y gente, nos metimos por una calle siguiendo mi camino, me invitó a comer unas facturas pero solo le agradecí y seguí de largo. Quisé volver a verlo, pero desapareció, mi mente me decía que tal vez todas esas historias fueron mentira, que solo quería cogerme. Tal vez esos sentidos ocultos no fueron más que una carnada y, las supuestas evidencias que yo ví esa noche no fueron más que casualidades. Pero da igual, la pasé bien.